Ads


Hay toda una economía digital dedicada a la difusión de información falsa pero convincente. Los relatos calan más que los gráficos. Las redes sociales permiten su rápida amplificación y diseminación, mientras que hay sitios web que conservan historias y anécdotas en páginas específicas. En las semanas posteriores a que muriera mi hijo, algunas personas vigilaron amablemente mis cuentas en las redes sociales para reducir mi exposición al odio y el hostigamiento. Denunciaron y documentaron aquellos comentarios que lo merecían, mientras que otras trataron de ralentizar la propagación de la mentira y denunciaron cuentas por acoso. El propietario de una web, con el que nos pusimos en contacto con una petición de eliminación de una entrada de blog, nos respondió que nunca la acataría. Nos dijo que la mayoría de los legos “no entienden el trabajo que cuesta la creación de contenidos”. La gente estaba ganando dinero con esa imagen, mediante los clics y las veces que se compartía, mientras que nosotros teníamos unos recursos limitados.

Alejarse de las redes sociales fue la decisión correcta en aquel momento, pero también supuso dejar de experimentar los mensajes de apoyo, afecto, pésame y empatía, y en particular los de otros padres que habían perdido a un infante.

Meses después de aquel calvario, revisé más de 400 capturas de pantalla. Aunque en gran parte de los comentarios me llamaban “asesina” o “la madre más tonta de la historia”, en otros había preguntas sobre los detalles de nuestra pérdida, o se afirmaba que esta historia validaba su escepticismo ante la vacuna.

Esta culpabilización para explicar una pérdida parece haberse vuelto más común en los últimos dos años. En un reportaje para The Atlantic publicado en abril, Ed Yong escribió sobre los muchos estadounidenses que están llorando a los seres queridos que han perdido por la COVID-19. Observó una constante concreta: a menudo, cuando las personas que atravesaban un duelo hablaban con otras sobre su pérdida, se les preguntaban cosas como: ¿estaban vacunados? ¿Tenían alguna enfermedad previa?

En unos tiempos tan llenos de incógnitas, las personas buscan explicaciones a por qué suceden cosas terribles, y tranquilizarse sobre que a ellas no podría sucederles la tragedia de otras personas. Sin embargo, hacerlo con un desprecio tan cruel por la verdad, como se ha hecho con mi familia, es una nueva norma inaceptable, que se refuerza cuando la gente exige y comparte información sin aplicar el pensamiento crítico. Si alguien ya tenía dudas sobre la seguridad de una intervención médica, como una vacuna, oír sobre una mujer que se vacunó durante su embarazo y después perdió al bebé puede crear un círculo vicioso de sesgos de confirmación sin fundamento.

Necesito creer que el mundo no está lleno de gente que está deseando causar más dolor a unos padres que han perdido a su bebé, a pesar de las muestras que he visto de lo contrario. Quizá la gente quiso consolarse dirigiendo la culpa hacia mí, como si no hubiera pérdidas inesperadas todos los días. Quizá esas personas se sentían inquietas por la incertidumbre que rodeó a los cambios en las recomendaciones durante la pandemia, y buscó entonces un villano fácil, como las vacunas o las grandes compañías farmacéuticas. Quizá pensaban que estaban sirviendo de altavoz a una historia que no se había contado y que la gente necesitaba oír, sin considerar si la persona afectada tenía algo que decir en ella, o si era cierta.

Internet y las redes sociales son espacios donde muchos hemos encontrado una comunidad y conexiones, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Puesto que me dedico a reflexionar a fondo sobre cómo las personas consumen la información, mi consejo para quienes quieran detener la propagación de información errónea es que hagan una pausa para evaluar antes de prestarle atención y compartirla. Pregúntate: ¿quién ha hecho este contenido y por qué? A menudo se utilizan anécdotas que contradicen los datos duros, sobre todo en temas tan volubles como la seguridad de las vacunas, para promover información errónea. Es todavía más importante leer esas historias con ojo crítico.



Source link

Previous article‘Firestarter,’ ‘The Innocents’ have creepy horror kids who feel real
Next articleK.J. Wright may have ‘non-playing role’ if he returns to Seahawks

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here